Acoso sexual y por qué es tan difícil denunciarlo

Recientemente de mano del movimiento #MeToo se han hecho denuncias hacia varios empresarios y figuras del medio del espectáculo en Estados Unidos. Sin embargo es conocido por todos que el acoso sexual existe en todos los ámbitos, ya sean laborales, escolares, deportivos, recreativos, etc. Y que en su mayoría las víctimas pertenecen al sexo femenino. El acoso sexual es una forma de violencia, a pesar de que para la mayoría de las personas no tiene esta concepción. Una de las razones por las cuales se resta importancia al acoso sexual es porque no suele dejar secuelas físicas visibles ya que su base se “limita” a frases inapropiadas o tocamientos, pero afecta gravemente en el plano emocional a la víctima. El miedo a perder el puesto de trabajo o cierta posición y la dificultad para presentar pruebas son razones suficientes para no denunciarlo, a lo que se suma que en ocasiones la víctima recibe un trato indigno por parte de las autoridades o reproches de conocidos o familiares cuando se realizan dichas denuncias. Lo cual se conoce como revictimización.

Sin mencionar que el fenómeno carece de atención, tanto que existen importantes vacíos en la legislación que garanticen la protección adecuada de las víctimas para que estas puedan denunciar libres de consecuencias inmediatas.

Está documentado por la ONU que una de cada tres mujeres sufre violencia física o sexual a lo largo de su vida pero solo el 20% lo denuncia, según la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género. Y que cuando lo hacen, pueden encontrarse con una sentencia y un trato inesperados. Un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía que se realizó en 2015, señala que 63 de cada 100 mujeres de 15 años y más en el país ha experimentado al menos un acto de violencia de género, ya sea: emocional, física, sexual, económica, patrimonial y discriminación laboral. Dicha cifra crece a 68% entre mujeres de los 30 a 39 años (edad laboral). Y se subraya dentro de estos tipos la violencia sexual, la cual ha padecido un tercio de la población femenina (34.5%)

En Latinoamérica el panorama de las víctimas es particular dado que existe un predominante machismo difundido en la cultura y en los medios de comunicación. Dicha situación divide opiniones y resta importancia a esta problemática particular.

Basta recordar que a la par de la manifestación de cerca de 300 actrices y actores con el Hashtag #MeToo, más de 100 actores y actrices de nacionalidad francesa, de entre quienes destaca Catherine Deneuve, firmaron un manifiesto en contra de dicho movimiento, bajo la premisa de que “ cortejar de forma insistente o torpe y la galantería no son acoso sexual”

Dicha controversia abre un momento único para analizar y realizar un debate al respecto.

Y es que no debería de haber confusión entre cortejo y acoso. Para algunos es muy claro, mientras el cortejo es una invitación que se apega a las normas sociales. El acoso es abusar del poder sobre la víctima para obligarla a algo que no desea hacer. Y es de llamar la atención que muchos victimarios no tienen clara dicha diferencia, incluso personas ajenas a este fenómeno suelen confundir fácilmente estas conductas.

En esta confusión sin embargo también juega un papel importante un mecanismo que en Psicología se conoce como Disonancia cognitiva

Cuando el medio nos obliga a reaccionar de cierta forma, existe una predisposición interna a disminuir la tensión, que dichas incoherencias nos puedan generar para no sentir dicha incomodidad.

Este mecanismo se describe en la teoría de la Disonancia Cognitiva. Dicha teoría considera además que existen pensamientos, creencias, ideas, cogniciones consonantes (es decir, coherentes o consecuentes entre sí).

Nos centramos en la disonancia o tensión generada por las situaciones de incongruencia entre actitudes y conductas, es decir, pensamos una cosa y hacemos otra.

De ahí que la víctima caiga en confusión y no pueda expresar lo que sufre cuando se percibe acosada en muchas ocasiones, dado que su marco cultural la obliga a normalizar también estas conductas, incluso confundirlas con un cortejo o halagos.

En Psicología, Seligman en 1975 describió un fenómeno conocido como Indefensión aprendida (IA) es un fenómeno cuya consecuencia es creer que nuestra conducta no tendrá ninguna influencia sobre los resultados. Esta creencia se aprende. Técnicamente se ha descrito como una expectativa que produce tres efectos:

  1.  Déficit motivacional para emitir nuevas respuestas (aquí es cuando la víctima no responde a la agresión)
  2. Déficit cognitivo para aprender que las respuestas controlan los resultados (la víctima ignora que puede modificar su entorno y sus propios comportamientos

y   3. Reacciones afectivas de miedo y depresión

Todo esto cuenta con un relato neurobiológico descrito. Donde se ha mostrado la relación entre pensamientos positivos o negativos en algunas regiones del cerebro. En concreto la corteza del cíngulo anterior (que juega un papel importante en la toma de decisiones y las emociones)  y la amígdala (que actúa como centro de procesamiento y almacenamiento de las emociones).

Es importante tomar en cuenta que los seres humanos somos organismos que nos adaptamos y que no todas las formas de adaptación son óptimas. Por lo cual debemos entender el papel de la víctima como algo que también de cierta manera escapa de su control.

Solamente a través del diálogo constructivo podemos formar una sociedad donde todas la opiniones sean tomadas en cuenta. El acoso sexual es un tema importante del que debemos seguir hablando para que generaciones venideras lo identifiquen y puedan hacer algo al respecto.

Es muy importante escuchar a quienes han sido víctimas de acoso sin emitir juicios y de una manera imparcial. Así como hablar con los jóvenes acerca de lo que implica el acoso sexual y cómo detenerlo. Dar a nuestros conocidos opciones realistas sobre lo que se puede hacer y apoyo.

Existen instituciones donde las víctimas de acoso pueden acudir a recibir ayuda legal y tratamiento

  1. Identifica el acoso. Si una persona siente incomodidad con comentarios, bromas, mensajes o incluso acercamientos, lo más probable es que se trate de una situación de acoso.
  2. Coméntalo con personas de tu confianza: Si una situación te es incomoda y confias plenamente en algún compañero, amigo o familiar, comenta lo que ocurre.
  3. No es tu culpa:La responsabilidad de quien comete el acoso es sólo de quien lo comete.
  4. Intenta detenerlo: Dejarle claro a la persona que sus acciones molestan y no son apropiadas.
  5. Acude al orgsnismo encargado de regular las situaciones laborales en tu trabajo: Se debe acudir con las autoridades inmediatas que deben dar protección en caso de acoso sexual.
  6. La pruebas ayudan: Una grabación en el celular o fotografías como evidencia puede hacer que una denuncia sea mucho más exitosa, sin embargo no es estrictamente necesario contar con ellas.
  7. Presenta una denuncia formal:El órgano representativo en la Ciudad de México es La Dirección de Orientación Ciudadana y Derechos Humanos DOCH http://www.derechoshumanoscdmx.gob.mx/

Si la agresión ocurre en el transporte público se puede contactar al Instituto de las mujeres y hacer denuncias en línea:

http://data.inmujeres.cdmx.gob.mx/conoce-tus-derechos/por-una-vida-libre-de-violencia/prevencion-de-la-violencia/has-sido-victima-de-abuso-sexual/

 

Por teléfono a LOCATEL: 565811

Cuando se presentan alteraciones en el estado de ánimo secundarias al acoso es importante recibir una valoración psicológica o psiquiátrica, según sea el caso, para lo cual se encuentra disponible:

El Centro de Terapia de Apoyo a Víctimas de delitos sexuales CTA

http://www.pgj.cdmx.gob.mx/nuestros-servicios/en-linea/mp-virtual/cta-centro-de-terapia-de-apoyo-victimas-de-delitos-sexuales


Medicamentos psiquiátricos. Su importancia y algunos mitos relacionados.

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Este tema está relacionado con una gran controversia entre los grupos de profesionales, los grupos anti psiquiatría y los propios pacientes. Es importante aclarar que en este blog el objetivo de informar sobre este tema es para educar a la población y que no tenemos conflicto de intereses con ningún laboratorio o institución de salud.

Y para hablar de los fármacos es importante revisar un poco de Historia. Desde la antigüedad se han utilizado bebidas alcohólicas como sedantes, hipnóticas o recreativas, así como para fines medicinales. Se han utilizado plantas como el láudano, la mandrágora y los alucinógenos buscando diversos efectos. Medicamentos como tal se usaron antes de 1900 como hipnóticos y sedantes, mas no como agentes anestésicos1. Pero el cambio se dió cuando se inició el estudio de la Psiquiatría Biológica en los años 50 y el descubrimiento de la clorpromazina como neuroléptico (medicamento que funciona sobre los síntomas psicóticos).
A partir de dicho descubrimiento, la Psiquiatría con enfoque biológico se ha valido del uso de medicamentos para el tratamiento de los Trastornos mentales.
A pesar de que para comercializar un fármaco necesita pasar por varias fases de investigación y probar su efecto terapéutico y su seguridad, aún hoy existe rechazo hacia el uso de psicofármacos, no sólo por los pacientes, sino por el resto de la sociedad. Esto suele conducir al mal apego terapéutico y el fracaso en el tratamiento. Las razones más citadas por los pacientes están estrechamente relacionadas con miedos infundados, falta de información o prejuicios (estigma).

¿Qué hay de los efectos adversos?
El objetivo de los medicamentos es el Sistema Nervioso Central, donde hacen modificaciones químicas sobre unas sustancias llamadas neurotransmisores y así disminuyen los síntomas psiquiátricos. Sin embargo, como TODOS los medicamentos, se distribuyen por todo el cuerpo y así mismo como TODOS los medicamentos, presentan efectos secundarios que son muy llamativos y cuyos efectos han contribuído a la mala reputación del medicamento. Sobre todo los medicamentos que se utilizan para Trastornos psicóticos como Esquizofrenia, donde se notan manifestaciones motoras y lo cual se confunde comúnmente dentro de la cultura popular. Muchas personas al hablar de antipsicóticos o conocer personas que los toman, hablan de lo que han percibido como una conducta alterada “es que fulanito parece un zombie, es que sultanito parece un robot” cuando generalmente, dichos efectos adversos pueden disminuir y desaparecer con el tiempo y para lo cual, el profesional de la salud, toma en cuenta la presencia de los mismos para disminuir la dosis, cambiar el tipo de medicamento o esperar a que el efecto progresivamente disminuya hasta desaparecer.

¿Los medicamentos psiquiátricos me hacen más daño que bien?
Existe una gran controversia con este apartado. Si bien es cierto que muchos medicamentos psiquiátricos tienen efectos adversos visibles, como la rigidez, sedación, salivación y lentitud (como en el caso de los antipsicóticos) el uso de los mismos ha hecho posible que se hagan muchos estudios relacionados con los efectos adversos y la forma de contrarrestarlos y los clínicos cada vez toman dicha información con más seriedad e influye de manera importante en la decisión que toman para recibir tratamiento.
El año pasado, “El País” publicó un artículo sensacionalista por Peter Goztche llamado: “Los medicamentos psiquiátricos nos hacen más daño que bien” http://elpais.com/elpais/2016/09/20/ciencia/1474391855_558264.html
Donde se postula que las enfermedades mentales como la Esquizofrenia tienden a la mejoría sólo con “amor” y “psicoterapia” Lo cual no solamente es ilógico dado que ninguna enfermedad crónica como Diabetes o Cáncer se curan con psicoterapia o emociones positivas. Sino que además no presenta evidencia más que la propia opinión del autor, lo cual muchas veces sesga la información que recibimos. Sin embargo, al tratarse de un profesional nos hace dudar, lo cual es entendible. A este artículo existe una maravillosa respuesta por un psiquiatra (Pablo Malo @pitiklinov) http://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/peter-g-tzsche-psicofarmacos-libros_0_526347508.html De donde rescato una frase que resume el sentir de todos los que nos dedicamos a la salud mental cuando leemos este tipo de artículos con una base tendenciosa y moralmente sesgada:

“Decir que las psicosis graves se curan con empatía y amor es un insulto no ya a los psiquiatras -que según el estereotipo somos todos idiotas o malvados, o ambas cosas- sino a la ciencia, a la inteligencia, a la historia, a los pacientes y a sus familias.
Puedo dar fe de que a la mayoría de los pacientes que he tratado a lo largo de mi carrera no es precisamente amor lo que les ha faltado y sigo siendo testigo del sufrimiento de sus familias. Pero el problema de Gøtzsche es que no cree en el fondo que exista la enfermedad mental grave, un trastorno de la mente que el paciente no puede controlar, que genera un gran sufrimiento y que justifica el empleo de medicamentos que tienen efectos secundarios, sin duda, y que ojalá fueran mejores de lo que son, pero que son la mejor alternativa disponible”.

¿Me puedo voler adict@?
Una idea común que es falsa para casi todos los medicamentos psiquiátricos es que crean adicción, por esta razón en México la mayoría se pueden comprar sin receta. Esto es debido a que en el cerebro existen diferentes receptores, (lugares a los que se une la substancia). Solamente algunos de ellos, los que se venden con receta, tienen potencial adictivo y solamente en pocas personas, debido al efecto que ocasionan (reducir ansiedad y ocasionar sedación). De hecho las drogas que se usan con fines recreativos tienen un efecto placentero casi inmediato, lo cual no ocurre con la los medicamentos y de ahí que no ocasionen adicción. De hecho muchos medicamentos que se utilizan para Trastornos psiquiátricos o enfermedades neurológicas se utilizan para el tratamiento de las adicciones.

Los medicamentos son sólo para enfermedades graves o personas locas
Parte de esta resistencia a la toma de medicamentos proviene del “estigma” alrededor de las personas con síntomas mentales. Es por ello que a los medicamentos psiquiátricos se les relacionan con mitos como: “si tomas esas pastilla quiere decir que estás loco”, “las pastillas las usan para lavarte el cerebro”, “con las pastillas te quitan tu voluntad y tu libertad, te controlan”, “las vas a necesitar para siempre” etcétera. Como ya comentamos, todas las enfermedades requieren de un tratamiento médico, la gran mayoría utilizan fármacos sin importar su gravedad y debido a que hasta ahora es la mejor alternativa con la que contamos. Los fármacos en Psiquiatría son vehículos para llevar sustancias al cerebro para lograr el equilibrio bioquímico que ayude a desaparecer los síntomas de los cuales sufren los pacientes. De otra manera, por lo menos hasta el momento, es imposible.

¿Los medicamentos psiquiátricos cambian a las personas?
¡NO! La personalidad es independiente al uso de los medicamentos. Muchas conductas que se modifican generalmente están asociadas a la mejoría de los síntomas o a la aparición de síntomas aislados. Un ejemplo claro es la depresión. Cuando los pacientes se deprimen generalmente presentan síntomas físicos, que van mejorando paulatinamente y que al quedar sólo síntomas cognitivos como tristeza, irritabilidad, etc. Pueden hacernos percibir que nuestro conocido “está cambiando” Pero así como todas las enfermedades representan un proceso, también las enfermedades mentales pasan por un proceso momentáneo y generalmente que tiende hacia la mejoría. Así que si alguien en tratamiento se irrita más o tiende a presentar más quejas, no necesariamente quiere decir que esté cambiando o empeorando.

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A los lectores: Siéntanse libres de dejar sus comentarios y sugerencias, gracias por informarse.

Aquí dejamos unas ligas para revisar mayor información:

Tratamientos farmacológico de los trastornos mentales en la atención primaria de salud. Organización mundial de la salud. http://www.who.int/mental_health/management/psychotropic_book_spanish.pdf

Medicamentos para la salud mental:

Haz clic para acceder a Medication-Brochure_Spanish-(2).pdf

Referencias:
1)Medicamentos en Psiquiatría https://encolombia.com/libreria-digital/lmedicina/hmedica/historiamedica-medicamentos/