¿Cuándo debo visitar al psiquiatra?

A muchas personas esta pregunta todavía les ocasiona cierto malestar infundado por el estigma social. Pero como se conoce bien en la Psiquiatría: “Sólo somos médicos de la mente” Y así precisamente es como se describe al psiquiatra, como un profesional de la Salud Mental en su conjunto y cuyo órgano blanco de especialidad es la mente.

Generalmente los Trastornos mentales son enfermedades que se caracterizan por una combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás(1) que contribuyen a la disminución del funcionamiento previo de un individuo en un grupo social y con un marco sociocultural de referencia.

De tal manera que todo lo que interpretamos como una “enfermedad mental” debe ser forzosamente producto de influencias del contexto en el que se presenta. Un ejemplo es la fobia social en Occidente, donde se conoce como un miedo irracional a ser objeto de vergüenza.

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Mientras que en Oriente su paralelo “Taijin kyofusho”(2) es un miedo intenso a ofender o perjudicar a otras personas.

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Podrían compartir síntomas, incluso causas y curso en la enfermedad, pero el contexto sociocultural en este caso marca la diferencia.

Tomando en cuenta lo dicho anteriormente, es como se estudian las enfermedades mentales.
Un psiquiatra es un médico que ha estudiado más de 6 años en una escuela de Medicina para ser un Médico General y que posteriormente hace un posgrado en Medicina en la especialidad médica de Psiquiatría, en el caso de México son 4 años, donde se estudia mientras se trabaja en una institución de Salud Mental, a cargo de pacientes en internamiento y en consulta externa, siempre asesorados por médicos psiquiatras certificados por el Consejo Mexicano de Psiquiatría y que se dedican al cuidado de pacientes psiquiátricos. Posteriormente hay quienes al terminar la especialidad hacen la alta especialidad en alguna disciplina psiquiátrica como Trastornos del Afecto, Trastorno Obsesivo Compulsivo, Trastornos de la conducta alimentaria, etc. O que hacen la sub especialidad en Paidopsiquiatría (de niños). Y es muy importante saber que hay quienes realizan otros posgrados en Psicoterapia, ya que no todos los psiquiatras pueden proveerla de manera adecuada.

Generalmente un psiquiatra está capacitado para atender problemas relacionados con:
Trastornos del Desarrollo neurológico (Déficit intelectual, Autismo y otros trastornos)
Espectro de la Esquizofrenia y otros Trastornos psiquiátricos
Trastornos del Afecto (Trastorno Bipolar, Depresión, Ciclotimia)
Trastornos de ansiedad
Trastorno Obsesivo Compulsivo y Trastorno del Espectro
Trastornos relacionados con Trauma y factores de estrés
Trastornos disociativos
Trastornos somáticos
Trastornos de la conducta alimentaria
Trastornos del sueño
Trastornos sexuales y de género
Trastornos ocasionados por el bajo control de los impulsos
Trastornos relacionados con el uso de sustancias y trastornos adictivos
Trastornos neurocognitivos
Trastornos de la personalidad
Trastornos parafílicos
Entre otros.

Es común encontrar que un Médico General o un psicólogo siempre refiera a los pacientes con el psiquiatra, pero también es común que los pacientes busquen la consulta debido a las alteraciones cotidianas que encuentran.

De tal manera que acudir al psiquiatra, es como acudir con cualquier otro especialista, quien seguramente se ayudará del uso de fármacos e intervenciones psicoterapéuticas para realizar el tratamiento, y dependiendo de la gravedad del cuadro es como se decidirá el tiempo y el tipo de tratamiento. Con esto me refiero a que hay pacientes que pueden llevar un curso de un año de antidepresivos para un Trastorno Depresivo Mayor moderado, pero si en las entrevistas y en las escalas, el psiquiatra encuentra datos de gravedad, podrá proponer al paciente un tratamiento de internamiento dentro de una institución, por un periodo no mayor a 4 semanas generalmente y con el fin de asegurar la integridad del paciente. Incluso si la Depresión es persistente y ya muestra datos de resistencia, puede llegar a requerir otras maniobras como Estimulación magnética Transcraneal o Terapia Electroconvulsiva, las cuales, al igual que la Psiquiatría en su conjunto, han sido fuertemente atacadas por el estigma, pero de las cuales hablaremos a detalle en publicaciones posteriores.

1) Organización Mundial de la Salud. «Trastornos mentales».
2)American Psychiatric Association. (2013). Manual Estadístico y Diagnóstico de las enfermedades Mentales (5th ed.). Washington, DC. EUA


Cuando supe que tenía Depresión

Recuerdo que al entrar a la Universidad tenía grandes expectativas sobre mi carrera. Se suponía que tendría una serie de materias relacionadas con lo que a mi me apasionaba, pero no sólo fueron más difíciles de lo que planee, sino que no se parecían en nada a lo que yo quería estudiar. Luego vinieron problemas con un novio, problemas con mis padres, problemas económicos, de todo.
Mi madre enfermó de cáncer en aquella ocasión y el mundo como yo lo conocía se vino abajo.
Empecé a dormir menos, primero seis horas por noche, luego cinco, luego cuatro. Al día siguiente era cada vez más difícil abrir los ojos. Cambiarme de ropa era una proeza, ¿bañarse? Ni en sueños. No había energía para eso. Arreglarse, pintarse, cambiarse de ropa diario, sacar al perro. Todo parecía una proeza inalcanzable. Cuando finalmente pasaron 2 meses de tener una energía que no alcanzaba ni a media tarde, mis calificaciones también se fueron a pique, de tener 9 a llegar al 5 en la mayoría de las materias, estar a punto de reprobar 2, cuando siempre había sido niña de 10. Y luego, al llegar a mi casa, con la tristeza inmensa de siempre, con el único deseo de cerrar las ventanas y tirarme a llorar, porque simplemente no podía hacer absolutamente nada de lo que siempre fue normal.
Luego vinieron ideas horribles: “Eres fea, eres tonta, no sirves, no eres para la Universidad, no eres suficiente, no mereces vivir” Esa última venía todas las noches, justo antes de intentar dormir. Con 5 kilos menos y más de dos meses sin verme al espejo, me encontré a una amiga de la prepa. Su cara al verme me hizo reflexionar en que esto ya no era normal
-Deberías buscar ayuda – Me dijo y sólo le di una sonrisa cínica.
Obviamente me dolió, YO no estaba mal, era el mundo el que era miserable y necesitaba cambiar, todos lo sabían. Pero al día siguiente marcó, me pidió que la acompañara al doctor y ahí conocí a mi psiquiatra.
Al principio me dio un poco de miedo y me sentí enojada porque me habían hecho una cita con un médico cuando yo estaba perfectamente bien. Además un psiquiatra… De esos que se suponen ven a enfermos gravísimos vestidos de blanco en cuartos con colchones.
Y no podía estar más equivocada, para mí era lo más normal del mundo sentirme triste todos los días, dejar de disfrutar, dejar de vivir la vida.
Pero ¿qué iba a saber un extraño de mi vida? ¿No era lógico que todos los seres humanos al ser imperfectos fuéramos incapaces de dar buenos consejos a otros?
¿Por qué tenía que contarle lo que me pasaba a alguien? No sólo era humillante, era imposible. Pasé por todas las emociones, me dio coraje, me dieron ganas de llorar, me dio vergüenza, pero al final, al hablar con el señor médico muy arregladito, con sus diplomas, que en cierto punto me llegó a caer medio gordo. Me di cuenta de que ahí era precisamente donde iba a recibir ayuda.
El psiquiatra me explicó que la depresión es una enfermedad biológica y psicológica, que cuando esos dos sistemas no andan bien, mi equilibrio emocional se tambalea y me hace ponerme triste todo el tiempo, que no me dan ganas de nada, no puedo dormir bien, mis hormonas y mis neurotransmisores no funcionan igual y que incluso necesitaba medicamentos para regular todo eso. Esa parte no me agradó nada; medicamentos ¿yo? Siendo una persona sana, joven, que no pisa el consultorio del doctor sino para recibir un certificado médico… Y pues si, medicinas. Poco a poco me dí cuenta de que el paso más importante para mejorar era aceptar que necesitaba ayuda. A dos años de la remisión total de la depresión, puedo decir que no pude haber tomado mejor decisión y que recibí el mejor regalo de amistad que alguien puede recibir y a la vez cuidé de mi salud.
-Anónimo

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